Café Lounge de Serrano 5, perfecto para un café de amigas

Cafe Lounge, rincón piano de cola

Tomar un café de tarde con una amiga con la que quieres charlar sin agobios y ruidos a mí no me resulta tarea fácil. Supongo que para ese plan lo que quiero es la prolongación del  salón de mi casa pero en un sitio público y claro, entiendo que es mucho pedir.

A la hora de quedar siempre surgen los peros para elegir el lugar: Mucho ruido, sillas muy incómodas, sensación de barullo y trasiego, frío, la televisión  puesta, la música muy alta… qué especialita soy. Pero creo que somos muchas las que somos así de especiales, y encontrar un espacio acogedor para tomar un café o té no nos resulta sencillo.

Hace ya varios meses que descubrí el lugar perfecto para ese plan de tarde.  Está en la quinta planta de la flagship de Adolfo Domínguez de la calle Serrano: Café Lounge, Serrano 5.

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El Gran Hotel de La Toja

Nada me gusta más que pasar un par de horas en una piscina termal rodeada de burbujas y bajo todo tipo de chorros. Soy una apasionada de los spas y balnearios. El agua, su sonido y la calma y paz que me transmite, me hacen entrar en un estado de relajación total.

Por esta afición mía conozco muchos y en diferentes lugares del mundo. Pero hay uno que guardo siempre en mi cofre de favoritos: El Balneario del Gran Hotel La Toja.

Desde bien chiquita recuerdo ir con mis padres a la isla de La Toja.  Atravesar el puente de piedra con sus farolas blancas, que comunica El Grove con la isla. La capilla de las conchas, el bello paisaje… siempre me pareció que llegábamos al escenario de uno de los cuentos de hadas que tanto me gustan leer.

La isla está cubierta de verde vegetación y rodeada de un mar de agua limpia y cristalina. El silencio se escucha en todos sus rincones y el club de golf, el casino y sus hoteles transmiten una sensación de lujo y confort que me encanta.

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Viajes de trabajo y por qué no… de placer

He tenido la inmensa suerte de viajar muchísimo alrededor del mundo por motivos laborales. Y sí, digo la inmensa suerte.  Son viajes agotadores, con larguísimas jornadas de trabajo y sobre todo de aeropuertos, noches tirada en un aeropuerto por haber perdido un enlace, y por supuesto, de mucha tensión. Pero yo siempre he podido encontrar huecos para compaginarlos con el ocio y el placer. Y he conocido lugares, restaurantes y costumbres que de otra manera,  posiblemente no  hubiera conocido.

Supongo que influye la forma de ser de cada uno y habrá personas que decidan que es un viaje profesional y punto, y otras que como yo tratamos de arañar horas al día y buscar todo tipo de excusas,  para aprovechar el tiempo y esa oportunidad.

Me vienen recuerdos y anécdotas de esos viajes que me encanta mantener vivos y reconocer que he tenido una inmensa suerte.

Un día en las ruinas de Eféso, aprovechando un problema logístico en la fábrica de Izmir; una fiesta de la princesa Ira de Fürstenberg en el hotel Ciragan Palace Kempinski en Estambul, ya que estaba allí alojada; un paseo por Zurich y sus maravillosas joyerías y bancos, aprovechando un enlace perdido; la Feria del Chocolate en Ámsterdam, que tuve la suerte de que se celebrara en el Hilton, hotel en el que estaba; los “curiosísimos” balnearios de Alemania; escuchar un directo maravilloso de no recuerdo el nombre de la banda en “The Cavern club “ en Liverpool y sentirme en los años de los Beatles…

Cualquiera de estos lugares y estas experiencias merecen un post exclusivo y lo tendrán. Pero hoy sólo quería recordar cómo el trabajo muchas veces puede convertirse en placer si nos proponemos buscar los huecos para ello y estamos abiertos a vivir todas las oportunidades que nos brinda la vida.

Vistas del hotel y el Bósforo desde la habitación.

” La vida es como una caja de bombones, nunca sabes cual te va a tocar.”  Hay que estar siempre  listo para aprovechar, cuando toca uno  de los buenos.