Hasta siempre Darío Barrio

Llevaba muchos meses sin escribir en el blog. La falta de tiempo y, sobre todo, la falta de ganas de dedicar ese  poco tiempo libre que me queda al ordenador han sido los motivos principales.  Al principio dejaba correr  los días, luego las semanas y al final han sido los meses los que han ido pasando.

Este fin de semana algo ha hecho que quiera volver a retomar esta actividad olvidada. Algo que daba por cerrado, vuelve a abrir su puerta y me invita a entrar. Ya había ocurrido otras muchas veces y lo había rechazado. Pero esta vez, sí  me apetece volver.

¿Por qué ahora sí? ¿Cuál ha sido el motivo?  Despedirme de Darío en mi blog.

Darío Barrio en Dassa Bassa

Un día con Darío

La noche de viernes, vía Twitter, me enteraba del desgraciado accidente de Darío y algo hizo click. Haber escrito tanto sobre él desde diferentes plataformas, haber pasado juntos tan gratos momentos relacionados con el mundo de la comunicación, han sido los motivos que han impulsado esta vuelta.

Quería despedirme también desde aquí. Por eso he vuelto a entrar en esta página que ya había casi olvidado cómo era.  ¿Sólo por hoy? ¿Volveré a escribir con asiduidad? La verdad es que eso no lo sé.

De Darío me quedo con su sonrisa, preciosa, pícara y contagiosa; con su mirada, inteligente, cariñosa y limpia; con su sentido del humor, su sensibilidad, su carácter afable y jovial; con su conversación apasionante, su vitalidad, su energía…

Y por supuesto me quedo con su cocina y con su proyecto hecho realidad, que había cumplido ya los 10 años.

También me queda el recuerdo de su última aventura: Mini & Dassa Bassa, que cerrará al finalizar Casa Decor. Su objetivo era crear “un lugar de encuentro entre clasicismo y modernidad, entre lo original y las últimas tendencias” y como siempre logró sus objetivos.

El hombre con cara de niño, que cuidaba  todos los detalles al máximo, tanto en su vida profesional como personal.  El gran “jefe” con un equipo detrás que le quería, le admiraba y le respetaba. El Darío ilusionado, con un millón de ideas, simpático, alegre y vital.

A ese Darío, al que yo conocí, le digo hoy: te voy a echar de menos, y no me olvido de las cosas que nos quedaron  pendientes por hacer.

 

 

 

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