20 motivos para odiarte

Paren el mundo que me quiero bajar. Mafalda Nos estamos volviendo locos y hay veces que solo se me ocurre esta solución.

El otro día nos contaban unos amigos que en el entorno de sus hijos de 14 años, se habían encontrado con esta barbaridad: Un grupo de, no sé como llamarlos, habían encontrado diversión en ir publicando tuits en los que daban 20 motivos para odiar a un compañero de clase vía Twitter. ¿Divertido, verdad?

Me quedé absolutamente perpleja y bastante asustada. Mucho oímos hablar del ciberbullying pero, como pasa siempre, cuando conoces un caso cercano es cuando la realidad te golpea.

“Tras haber pasado tanto tiempo tratando de proteger a los menores de las personas adultas con malas intenciones, nunca imaginé que dedicaría tantos esfuerzos a protegerles a unos de los otros”  Parry Aftab.

Cierto es que siempre han existido estos casos entre niños y que no son las redes sociales las que provocan este comportamiento, sino el mal uso de ellas. El problema no está en Twitter, Facebook o Tuenti, sino en las alimañas que se esconden tras ellas.

cyberbullyingPero sí es cierto que el anonimato, la falta de percepción directa e inmediata del daño causado y la adopción de roles imaginarios hacen que sea más fácil para estos personajes llevar a cabo el acoso. Y sobre todo que el  alcance de éste sea de más grandes dimensiones y mas difícil de zanjar.

Desde ese día no dejo de pensar en qué haríamos nosotros si este horror golpeara a nuestra familia. Sinceramente no lo sé. Lo que sí sé es que aunque siempre pensamos que esto no les va a pasar a nuestros niños, puede pasarles y debemos estar preparados para ello. Creo, y solo creo, que ante estos casos solo se me ocurren las siguientes opciones para ayudar a nuestros hijos:

  • Si te insultan, te molestan o dicen cosas inapropiadas de ti, abandona la conexión y cuéntales a tus padres inmediatamente lo que está pasando.
  • Jamás contestes a las provocaciones, ignóralas y pide ayuda a tus padres. Es labor de los padres haber conseguido que los niños tengan tanta confianza en nosotros que no tengan ningún reparo, miedo o vergüenza a contarnos lo que les está pasando.

Una vez que el asunto esté en manos de los adultos y por supuesto con los niños lo más alejados posible de la pantalla, llegará el momento de tomar las decisiones y medidas que se consideren mas oportunas. Sinceramente, no sé cuáles serán. Tanto que hablamos de cómo resolver una crisis de reputación en redes, tanto protocolo y tanta teoría y práctica con las marcas y empresas que gestionamos y, sin embargo, este caso me desborda.

Supongo que dependiendo del caso las medidas serán diferentes. Entiendo que será fundamental que los niños sientan el No al cyberbullyingcariño de sus padres, su familia y sus verdaderos amigos. También que será fundamental la labor de los profesores e incluso del orientador para ayudarles a superar ese mal trago y, sobre todo, a recuperar la confianza en si mismos, que entiendo debe quedar muy dañada.

Tengo claro que en un tema así no podemos dejar que los niños se defiendan solos y traten de solucionar, ellos solos, el problema. Es algo muy serio, que les viene grande. Por tanto, necesita de medidas acordes a la gravedad del asunto. Creo importante, sobre todo, que los niños se sientan protegidos por los adultos ante un problema que excede su capacidad de solucionarlo.

Habrá casos en que serán pertinentes medidas más drásticas por el bien de los niños, como la denuncia ante los Cuerpos de Seguridad del Estado.

Pero creo que la familia y los amigos son un pilar fundamental para ayudarles a superarlo. Y le pediría encarecidamente a sus amigos lo que ya  me habéis oído decir en muchas ocasiones. La vida no es como la M-40 y no es posible ir en “todas las direcciones” con el fin de llevarse bien con todo el mundo y ahorrarse problemas. Hay que pronunciarse, no hacer la vista gorda y no bailar al son que mas interesa en cada momento. Ya sé que eso es mucho más cómodo, pero hay que tomar decisiones, y su amigo los necesita.

¿Y qué me decís si resultara que se trata del caso contrario y fueran nuestros hijos los “matones” ?

Desde luego solo se me ocurre pensar que también necesitarían mucha ayuda y que algo habremos hecho muy mal.

Ellos solitos se han retratado ante el mundo y han mostrado a la audiencia quiénes y cómo son.

Lo que ahora les parece tan guay y divertido quedará para siempre. Y yo me pregunto o más bien les preguntaría a ellos:  ¿Quién va a quereros como profesor particular o canguro para sus hijos leyendo en Internet cómo sois? ¿Quién os querría en una familia de intercambio en el extranjero? ¿Quién os querrá como amigos más adelante, si así os portáis con los compañeros?

En todo caso insisto una vez más en que no tengo nada claro cuál sería la mejor manera de enfrentarse a este problema. Me encantaría conocer vuestra opinión y conocimientos sobre ello.

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Un pensamiento en “20 motivos para odiarte

  1. Pues el primer problema está en la adecuación de la edad, los chavales de 14 años indudablemente no deberían usar determinadas redes sociales.
    El segundo problema es de educación y responsabilidad parental. Los padres somos responsables de los medios que les damos a nuestros hijos y su correcta utilización. si a un menor de edad le pones un arma de destrucción masiva como puede ser un ordenador conectado a internet (o un smarphone) deberías estar pendiente de lo que hace con ello, bien estando presente cuando lo use o usando filtros y barreras de protección parental, que los hay mucho y muy eficaces.
    El mayor problema de los menores en internet es que ni siquiera los mayores sabemos realmente a que nos enfrentamos, y es muy difícil dar pautas de juego cuando no se sabe a qué se juega.
    Des de las administraciones, las escuelas y los mass media se deberían hacer campañas de formación, a fin de que la sociedad aprenda a enfrentarse a la revolución informática que estamos sufriendo.
    Especialmente es preocupante la posición de los colegios, en los que se permite el acceso a internet de manera indiscriminada, y donde se da la paradoja que los alumnos suelen saber mucho más de informática, internet y sus recursos que los docentes que debieran ser los responsables de su uso en ese entorno.

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