Non, je ne regrette rien

“No lamento nada, ni el bien que me han hecho, ni el mal, todo eso me da igual”.

Siempre que escucho esta canción pienso en la tranquilidad de espíritu y lo seguro de uno mismo que hay que estar, para poder decir esas palabras. La paz que debe proporcionar poder cantar, decir o simplemente pensar:  “Todo está pagado, olvidado… Me importa un bledo el pasado”.

El lugar donde nació Édith Piaf

El lugar donde nació Édith Piaf

La vida de Édith Giovanna Gassion, Édith Piaf fue una vida muy dura y complicada. Cuenta la leyenda que nació en plena calle bajo una farola frente al número 72 de la rue de Belleville en París con la asistencia de un gendarme. Una placa en ese edificio lo recuerda: «En los peldaños de esta casa nació el 19 de diciembre de 1915 en la más absoluta pobreza Édith Piaf, cuya voz cambiaría después el mundo.»

De padres alcohólicos y tremendamente pobres, fue dejada al cuidado de su abuela paterna que regenteba un burdel. Allí pasó su infancia cuidada por las prostitutas. Una infancia y adolescencia triste y difícil. A los cuatro años sufrió una meningitis que la dejó temporalmente ciega. A los 16, un embarazo. Después llegó la muerte de su hija, con tan solo dos años de edad, también de meningitis, y su imposibilidad para tener mas hijos. Entiendo que una infancia así marca la vida para siempre.

Cuando su padre volvió del frente, ella lo acompañaba por las calles cantando, tal y como antes lo había hecho su madre. Su vida cambió cuando Louis Leplée, propietario del cabaret Gerny’s uno de los más conocidos de París, se paró a escucharla en la calle. Su excepcional voz llamó poderosamente su atención y, tras una pequeña prueba, Edith fue contratada de inmediato. El éxito no tardó en llegar y fue conocida como “Môme Piaf”, pequeño gorrión.

Edith PiafFue el propio Leplée quien instruyó a Édith para convertirla en una gran figura del cabaret. Pero las cosas no iban a resultar tan sencillas. Su vida se volvió a complicar cuando Leplée apareció muerto de un disparo en el club que regentaba. Édith no sólo perdió a su amigo y jefe, además se convirtió en sospechosa del asesinato. La prensa la acusó y la sociedad elitista parisina le volvió radicalmente la espalda.

Volvió a los barrios bajos de París a cantar en tugurios y se entregó sin medida a una vida de alcohol, excesos y amantes.

Raymond Asso, la ayudó a salir de ese infierno y la preparó para ser una cantante profesional del Music Hall.  En 1936 debutó en el teatro l’ABC de Paris conviertiéndose inmediatamente en una estrella adorada por el público.

Édith Piaf remontó el vuelo y volvió a los grandes escenarios de Francia,  Europa y América. Se convirtió en la gran dama de la canción francesa. Sus éxitos le proporcionaron grandes sumas de dinero que, aparte de derrochar con sus amantes, utilizó para ayudar a todo aquel que se lo pidió. Talentos emergentes como Charles Aznavour, Georges Moustaki o Yves Montand, le deben haber creído en ellos y haber impulsado sus carreras.

Su gran amiga fue Marlene Dietrich. Y el boxeador Marcel Cerdan, el único hombre al que quiso según ella misma dijo. Pero de nuevo la tragedia se cebó con ella. Marcel falleció en un accidente de avión del que Édith llegó a sentirse, en cierta medida, responsable. Él cogió ese avión para estar a su lado, ya que ella así se lo había rogado o exigido. En aquel momento Édith estuvo a punto de acabar con su vida.

Años mas tarde un accidente de coche, varias operaciones y los fuertes dolores que padece, la conviertieron en una adicta a la morfina. En 1959 le diagnosticaron el cáncer hepático que puso fin a su vida tan solo cuatro años después.

En 1961 su salón de espectáculos favorito, el Olympia de París, pasaba por graves problemas financieros. Ella ofreció una serie de conciertos con gran éxito de público que salvaron al Olympia.

Creo que fueron los conciertos más memorables y emotivos de toda su carrera. Enferma, agotada y completamente Edith Piaf concierto“medicada” interpretó la canción Non, Je ne regrette rien, canción compuesta para ella por Charles Dumont y que a mí tanto me impresiona.

En octubre de 1963 Édith Piaf falleció a los 47 años de edad. Hoy en día flores frescas siguen acompañándola en el cementerio de Pére-Lachaise.

Recuerdo cuando acudí a ver el musical sobre su vida hace unos años. Me impresionó esa pequeña figura vestida de negro, de tan solo 1,47 cm de altura pero con ese torrente de voz.  Salí pensando que fue una persona desgraciada y angustiada, que vivió siempre al límite y que, aunque rodeada de gente, siempre o casi siempre estuvo en la mas absoluta soledad.

Pero al oír cómo cantaba, sentía y transmitía en canciones como La Vie en Rose, Non, je ne regrette rien y otras tantas, supongo que sí debió tener ciertos momentos de paz y felicidad.

El pequeño piso de la rue Crespin du Gasten, 5 en  el que Piaf vivió durante un año se ha convertido en un pequeño museo privado dedicado a la cantante. En sus dos habitaciones se exponen algunos recuerdos suyos, como uno de sus famosos vestidos negros, peluches regalados por su último marido, correspondencia, un par de guantes de boxeo de Marcel Cerdan, fotografías de la cantante… Bernard Marchois, que conoció a la artista cuando era joven, es el propietario del museo y el encargado de mostrar estos pedacitos de su intimidad.  Las visitas son  gratuitas, pero es necesario llamar para acordar una cita.  Musee Edith Piaf, 5, rue Crespin du Gast, 75011 Paris. Cierra Viernes, Sábado y Domingo.

Édith Piaf y Marcel Cerdan

Édith Piaf y Marcel Cerdan

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